Dios ¿de moda? … Oh my gosh!!!


La comedia de enredos juveniles Glee es una de las más populares en los Estados Unidos. 11 millones de televidentes cada semana y uno de los mejores promedios en cuanto a público juvenil, lo cual significa muchos millones de dólares en publicidad. Las canciones que son el hilo conductor de cada capítulo se disparan cada semana en el ranking de ventas de itunes y han superado el récord de los Beatles en el número de ingresos al Hot 100 de la revista Billboard. Todo un fenómeno cultural de estos tiempos. Ganadora del Globo de Oro, Glee ha lanzado al estrellato a sus jóvenes (y a las no tan jóvenes también) figuras. Además le ha dedicado un capítulo a Madonna, otro inspirado en las canciones de Lady Gaga y recientemente Britney Spears apareció en un capítulo sobre ella misma. Pero eso no es todo y esto puede sonar a sacrilegio para algunos, pero Dios también se ha ganado el derecho de aparecer en Glee, la serie de moda.

¿A la izquierda o a la derecha?


Las recientes elecciones municipales y regionales en el Perú han llamado la atención de la prensa internacional por el denominado “resurgimiento de la izquierda”, como lo señala el diario El País de España, y el éxito logrado por Susana Villarán. Es cierto que hablar del enfrentamiento entre Lourdes y Susana como lo más importante de las elecciones es injusto, porque ellas solo se enfrentaban por el sillón municipal de Lima, y lo sucedido en los distintos departamentos del Perú también tendría que ser tomado en cuenta. Sin embargo, lo queramos o no, Lima representa una gran parte del Perú. El tercio de la población peruana vive en Lima. Y además Lima sigue significando para mucha gente el “gran sueño peruano”. Para tener éxito, se dicen muchos, hay que ir a Lima. Así que con las disculpas respectivas al resto del Perú, trataremos de analizar lo sucedido en Lima y cuál es su influencia en la política peruana.

Jóvenes, su presencia renueva la Iglesia

Benedicto XVI, a propósito de la Jornada Mundial de la Juventud 2011.

El domingo 5 de setiembre, el papa ha dedicado su prédica a la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud que se llevará a cabo en Madrid en agosto del 2011. Sus palabras hacen referencia al Mensaje que el 6 de agosto envió a los jóvenes del mundo entero convocando a este encuentro bajo el lema: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2, 7). Nos llama la atención varias frases de este mensaje, importantes frente a la situación actual de la sociedad, el joven y la iglesia católica.



No es común encontrar en discursos o mensajes del Papa referencias a su vocación personal, a su experiencia personal de encuentro con Dios y, sobretodo, a las “dudas” en su llamada: “¿es éste de verdad mi camino?”. Encontrar estas referencias en el mensaje al que hacemos alusión ya nos advierte que lo que transmite va más allá de una catequesis - como también las varias referencias periodísticas a este discurso. En esta oportunidad el Papa habla de corazón a corazón. Quiere transmitir con ilusión y realismo lo que espera de este encuentro y más aún, quiere transmitir lo que Cristo es capaz de hacer en la vida del joven que cree en El.

Empieza su discurso ubicando las inquietudes propias de la edad juvenil, inquietudes sentidas por él mismo: “En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad (…) la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande (…) Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente”. Así, Benedicto XVI nos propone ser conscientes de las aspiraciones naturales de un joven, de cómo es posible abrirse, desde lo concreto de la humanidad -como es la posibilidad del deseo- a lo concreto de la eternidad, es decir, lo infinito, lo que trasciende. Es allí donde Dios entra en la vida del joven, no para imponer un modo de pensar y vivir, sino para dar respuesta a las aspiraciones humanas desde las propias raíces humanas. Continúa el Papa: “El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. «Sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36).”

Echar raíces, encontrar el fundamento de la propia vida y encontrar las respuestas a las preguntas vitales, son las propuestas de este mensaje. Cuánta actualidad cobran estas palabras en una situación juvenil llena de incertidumbre, no solo por el futuro, sino también por las condiciones del presente. La juventud es el tiempo de la vulnerabilidad, de la posibilidad de dejarse llevar por lo efímero, por la felicidad pasajera. Es importante hablar de lo fundamental, de lo que sostiene y da un sentido verdadero a la vida, un sentido permanente y, por tanto, eterno. En un tiempo donde la Iglesia está particularmente golpeada por situaciones originadas desde dentro, dar respuestas coherentes y válidas no es fácil. Sobre todo en un contexto donde la credibilidad se juega en la coherencia. Por ello, el discurrir del mensaje arriba, desde la fe, al principio y fundamento de toda vida: a su Creador y a quien hizo plenamente humana esa creación, Jesús. Citamos al Papa: “Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Jesús nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo”. Por ello, enfatizamos, el mensaje de Jesús no pierde actualidad, y puede echar raíces más profundas en aquella etapa de la vida en que ella misma busca su fundamento y su horizonte.



Desde esta propuesta termina su mensaje Benedicto XVI, centrando la respuesta a la búsqueda de sentido y sustento de la vida en Jesús: “Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo… Así, la vida se vuelve auténtica”. Una vida que es auténtica, porque busca hacer auténtico y real el mensaje de Jesús: la justicia, la solidaridad, la dignidad humana, el respeto por la creación, por el futuro. “La caridad que brota de la fe –ha llevado a tantos cristianos/as a lo largo de la historia- a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras”. Autenticidad y coherencia, verdadera felicidad y sentido de la vida, cuatro conceptos que se encuentran para darle al joven de hoy una respuesta que puede aclarar definitivamente sus dudas y le puedan ayudar a consolidar su vida con un proyecto que responda a lo que Dios busca de él.

Con esta convicción en el corazón, enfatiza el Papa, “queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con ustedes. Necesita su fe viva, su caridad creativa y el dinamismo de su esperanza. Su presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso”. Y digamos, ¿no es eso lo que hoy la Iglesia golpeada, la sociedad desorientada y el ser humano debilitado necesitan más que nunca? Por eso, bienvenido un encuentro así. Un encuentro de personas que aspiran a transformar la sociedad. Un encuentro de todos por el bien de todos. Un encuentro que permita reflexionar, centrar la atención en lo verdaderamente importante, que deje al Papa dedicar un mensaje con sinceridad y pedir la ayuda de todos para que, fundados en Cristo, volvamos a vivir en un mundo a la altura del sueño que tiene Dios para su Creación.

Un mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes que refresca la ilusión por la vida y renueva la esperanza de apostar por ella desde nuestro ser iglesia.

Juan Bytton, S.J.
Licenciado en Economía. Estudiante de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma)

Mensaje Oficial de Benedicto XVI para la JMJ 2011

La travesía del pintor: una mirada a la obra de José Francisco Navarro, S.J.


Paisajes. Al entrar en la sala uno se encuentra rodeado de paisajes, paisajes pintados, de tamaños distintos, de lugares distintos, con colores distintos. Paisajes. Paisajes de este mundo y que parecen de algún otro. Paisajes que han sido descritos en algún libro o que parecen seguir los trazos de alguna foto. Paisajes. Paisajes reales o inventados. Paisajes que conocemos y que nunca hemos visto. Paisajes. Solo paisajes. Y sin embargo ellos nos hablan también de la gente, de personas, de esas personas que están ausentes de los cuadros (salvo una excepción), pero que están detrás de ellos o delante de ellos admirándolos. Paisajes. Paisajes de colores vivos, casi tan vivos que ejercen violencia al mirarlos. Y otros de colores suaves, tenues, que más bien te arrullan. Paisajes. Sí, son paisajes que hablan de una tierra, o de muchas, de un hombre, o de muchos. Y quizás también nos hablan de Dios, de uno solo o de muchos.

José Francisco Navarro es pintor. Y es jesuita. Es jesuita y es pintor. Y es profesor también. Y es doctor, sí, doctor en literatura. Y es pintor y es jesuita y es profesor y es doctor. No es la primera vez que sus cuadros se exponen, pero es la primera vez en el Perú que él es el único pintor de la muestra. Y su muestra se llama “Viaje por las tierras de Arguedas, Rulfo y Guimarães Rosa”. Y en la muestra no solo hay paisajes, también hay textos, la literatura que habla, que habla a través de los colores, de las pinturas, de los paisajes. Porque son paisajes y es literatura. “Esta exposición concluye una etapa importante en mi vida y me abre a nuevas dimensiones, pintar estos cuadros me abre a nuevas ideas, a nuevos proyectos”, dice el autor mientras vuelve a mirar esos cuadros que pintó, que fueron tan suyos y que ahora son tan nuestros.

“Pintar estos cuadros ha significado dejar de lado muchas cosas, todo lo aprendido. Fue simplemente comenzar a pintar, sin saber bien qué iba a salir de todo eso. Y aquí está el resultado. Un compañero jesuita me decía que estas pinturas le hablaban de mi propio camino, de mi travesía personal, espiritual. Y es cierto”. Navarro, como firma sus cuadros, ha hecho un recorrido por las obras de estos autores latinoamericanos. Y ha hecho un recorrido por las tierras de estos autores: el Perú profundo de Arguedas, el páramo de Rulfo y el sertón de Guimarães Rosa. Y ha hecho un recorrido personal, espiritual, que lo ha llevado a esta muestra en la galería “Pancho Fierro” en el corazón de Lima.



Paisajes. La tierra en tensión. Y el cielo enfurecido. Y el sol ardiente. El campo verde. El monte imponente. El río de la muerte. Y las casas al borde del abismo. Y un hombrecito tratando de mantener el equilibrio, diminuto frente a la inmensidad del paisaje. Paisajes de vida, paisajes de muerte. Paisajes que se abren a lo que viene, paisajes que muestran caminos, caminos abiertos, caminos sin terminar, caminos por recorrer. Solo queda el hombre. Travesía. José Francisco Navarro ha hecho su propia travesía, personal, única. Y eso muestra en esta exposición, que se convierte así en una invitación a hacer su propia travesía, a dejarse cautivar por estos paisajes, estos paisajes que quizás no conocemos, pero que nos invitan a pintar nuestros propios paisajes, a darles nuestros propios colores, a ponernos en marcha. A viajar no solo por las tierras de Arguedas, Rulfo y Guimarães Rosa, sino a iniciar la travesía por nuestras propias tierras.

Víctor Hugo Miranda, S.J.
Hace una licenciatura en Teología, en Boston College.

La cicatriz del baguazo

Como una cicatriz en la piel, así recordamos muchos peruanos la violencia desatada el 5 de junio de 2009 en el nor-oriente del país. El "baguazo", que enfrentó a policías e indígenas en una batalla campal, tuvo como resultado la increíble cifra de 34 muertos. Nunca en la historia republicana una intervención policial había desatado tal violencia.

En aquel momento hubo una gran confusión sobre los factores que produjeron el enfrentamiento. Hoy la historia nos dice que el punto central del conflicto fue la resistencia indígena a dos decretos supremos que modificaron el proceso de las comunidades para tomar decisiones sobre sus tierras. Estos decretos debilitaban la búsqueda de consenso entre los miembros de las comunidades con el objetivo de hacerlas más vulnerables a propuestas externas, es decir, a los proyectos mineros trazados desde el gobierno. Reivindicando su justo derecho a ser consultados, las comunidades indígenas exigieron la derogatoria de los decretos. El congreso y el ejecutivo se hicieron de la vista gorda, antes comenzaron a hostigar a los dirigentes indígenas, y entonces se desató la violencia.

La dirigencia indígena y sus asesores fueron negligentes al no medir el alcance de sus métodos para incitar las protestas. Allí donde no hay un deslinde claro con la violencia, no podemos poner la confianza. La violencia apasiona, se autojustifica fácilmente, pero es falsa y estéril. Dicho esto creo que hoy una lectura inteligente de lo ocurrido no solo estaría de acuerdo con el derecho constitucional de los publos indígenas a ser consultados sobre el destino de sus tierras. El propio informe "en minoría" del Congreso presentado por el congresista Lombardi se ateve a decir algo más. Que el baguazo debe ser introducido en la larga historia que el Estado tiene con la selva y con las poblaciones nativas: una historia de exclusión, explotación y olvido. Es en este contexto que los decretos supremos debían ser leídos, como la reafirmación de un Estado que quiere seguir viviendo prescindiendo de los derechos de sus poblaciones más marginales, más "otras".

Las imágenes de los policías acribillados en Bagua conmovieron produndamente, como las de los indígenas reprimidos con armas de fuego cuando muchos de ellos solo tenían lanzas y piedras. Todos ellos víctimas, todos ellos piezas de un juego que en realidad se jugaba en otra cancha. La responsabilidad política, si no es en algún caso penal, del gobierno, del gabinete, de la nefasta ministra del interior, de la ministra de economía que ilusamente condicionaba el TLC con Estados Unidos a la no derogación de los decretos, todo ello debe por lo menos recordarse. Es lo mínimo de lo mínimo.

Hoy los tristemente célebres decretos están derogados. El Congreso ha aprobado incluso una Ley de Consulta Previa. Pero todo esto a qué precio. Nadie borrará la huella de la violencia en la "curva del diablo", ni en las familias de las víctimas, ni en nuestra historia. La ignorancia de la complejidad social del país que nuestros gobernantes mostraron -varios de ellos experimentados políticos- y, lo que quizá es peor, su incapacidad para reconocer sus errores, evidencian una discapacidad moral para gobernarnos.

Deyvi Astudillo, S.J.
Estudiante de teología en el Centre Sèvres de Paris

Texto publicado en: www.politicamentecreyente.com

Like a Prayer 2.0: el fenómeno “Glee”


Desde que iTunes se ha convertido en el lugar de referencia para descargar música desde tu propia computadora, hay un nuevo fenómeno musical que no puede ser dejado de lado: algunas canciones que causaron furor en su momento vuelven a ser escuchadas hoy en día por las generaciones más jóvenes. Un ejemplo de ello es la canción “Like a Prayer” interpretada originalmente por Madonna y que hace 21 años fue número uno en las listas de popularidad del mundo entero. Pues esta misma canción vuelve a estar en los primeros lugares de éxito estos días, pero no se trata de la misma versión de Madonna, sino la del elenco de la serie Glee, que se escucha en los iPods de los adolescentes de hoy, aquellos que siguen la serie y que seguramente nunca antes escucharon hablar de Madonna.

Algo que también llama la atención es encontrar una canción que lleve en el título la palabra “Prayer” (Plegaria). Aunque entonces se armó todo un escándalo por el video en el que Madonna aparecía besando a un santo moreno (opacando la calidad de uno de sus mejores discos), nadie se extrañaba que una canción hiciera alusión a un tema religioso. Sin embargo veinte años después eso es poco probable. Los adolescentes de hoy no sólo no saben quién es Madonna, sino que tampoco escuchan hablar de Dios ni de la religión y menos a través de la música que llega a sus oídos. Pero nuestros amigos de Glee han hecho esto posible, que una canción de amor que utiliza la metáfora de la plegaria y que habla del canto de los ángeles y del cielo en su letra, sea escuchada por las nuevas generaciones.>>>


La versión Glee de Like a Prayer con elementos religiosos como el vitral que asemeja una iglesia y el coro gospel.

¿Pero qué es Glee? Se trata de una de las series más populares del momento en los Estados Unidos y en el mundo entero. Con solo una temporada en el aire (apenas 15 capítulos hasta el momento) ha acaparado premios como el Globo de Oro y le han llovido críticas positivas. ¿De qué se trata la serie? Glee es un club de canto de una escuela secundaria. Pero claro no es el lugar para la gente más popular (un chico en silla de ruedas que toca la guitarra, una chica negra con una voz espectacular, un chico gay que viste siempre a la moda, una chica gótica y una aspirante a diva que cae pesada a todo el mundo), es más bien el último escalón de la vida social de esta escuela hasta que el capitán del equipo de fútbol y algunas porristas se suman al grupo. El club Glee debe participar en un concurso estatal y para ello deberá superar distintos obstáculos, siendo el principal de ellos, la directora de las porristas, principal opositora del proyecto. En fin, toda una serie de enredos y de divertidos diálogos en el pequeño mundo de esta escuela y los avatares del club Glee.

Hasta allí no hay una gran diferencia con otras series de televisión de mayor o menor impacto. Pero el plato fuerte de la serie son las canciones, que se convierten en el hilo conductor de cada capítulo, en los que el profesor y los alumnos hacen distintas propuestas de canciones vinculadas a lo que van viviendo y descubriendo en sus vidas adolescentes: amor, sexo, amistad. Además las canciones pueden ser descargadas digitalmente desde que la serie está al aire, logrando un éxito sin precedentes, como sucedió en la primera emisión con la canción “Don’t stop believin” de Journey, gran éxito de 1981 que en su nueva versión de Glee ha llegado al número 4 del Billboard (el original sólo alcanzó la posición 9) y ha vendido más de medio millón de copias. En plena era digital las canciones del club Glee son de lo más populares, convirtiendo hits de otras épocas en verdaderas canciones de culto para los jóvenes de hoy.


Don’t stop believin’ se ha convertido en un himno de los jóvenes, un himno de esperanza.

Lo mismo está ocurriendo con “Like a Prayer”. El capítulo 15 tuvo como título “El Poder de Madonna”. Tanto el profesor que dirige el club Glee como la profesora que dirige a las porristas retaron a sus alumnos a inspirarse en Madonna, en su música, en su manera de vestir, en su actitud, para preparar sus números musicales. Es así como el elenco de Glee revisitó clásicos como “Borderline”, “Like a Virgin”, “Open your Heart”, “Express Yourself” o “Vogue”, que causaron sensación en los años 80 y 90, así como el más reciente “4 minutes”. Pero es la versión de “Like a Prayer” la que ha vuelto locos a los fans de la serie que no dejan de descargar esta canción ni de ver su video en YouTube. Se trata del fenómeno “Glee”, una serie en la que los jóvenes encuentran en la música una manera de inspirarse en la búsqueda por el sentido de sus vidas y expresar lo que van experimentando. A ver qué más sorpresas nos trae este maridaje entre canciones del pasado y jóvenes de hoy sazonado con toques de buen humor.